PAMPLONA
Una tradición del rito de la peste de 1601: el Voto de las Cinco Llagas vuelve a resonar en Pamplona
La tradición ha vuelto a celebrarse esta tarde de Jueves Santo en la pamplonesa iglesia de San Agustín
El Voto de las Cinco Llagas ha vuelto a reunir este Jueves Santo a autoridades y fieles en la parroquia de San Agustín de Pamplona, donde se ha renovado una tradición institucional que se mantiene viva desde el año 1601. El acto, instaurado por el entonces Regimiento de la ciudad, nació como agradecimiento porque la epidemia de peste bubónica que amenazaba Pamplona quedó fuera de sus puertas.
La celebración ha recordado así una de las ceremonias más antiguas del calendario religioso e institucional de Pamplona. No en vano, este voto se viene renovando desde hace 425 años, convertido ya en una de las citas más simbólicas del Jueves Santo en la capital navarra.
El acto ha estado presidido por el arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela, Florencio Roselló, acompañado por el párroco de San Agustín, Peio Orbegozo. La iglesia ha completado su aforo en una ceremonia marcada por el recuerdo histórico y por un mensaje directo sobre la situación social actual.
Durante su intervención, Florencio Roselló ha recordado que aquella epidemia golpeó con dureza a la ciudad y sembró “miedo, sufrimiento e incertidumbre”. El arzobispo ha subrayado que la enfermedad no distinguía entre ricos y pobres ni entre poderosos y humildes, y que igualaba a todos “en la fragilidad”.
A partir de ese episodio, el prelado ha puesto el foco en la unidad como eje central del Voto de las Cinco Llagas. “Nuestros antepasados hicieron algo extraordinario: se unieron. Se reconocieron como un solo pueblo, necesitado de ayuda, necesitado de esperanza, y el ayuntamiento invocó la ayuda de Dios”, ha señalado.
Roselló ha destacado que en aquel momento “no hubo divisiones, no hubo privilegios, no hubo exclusiones”, sino un clamor común. A su juicio, ese es precisamente “el corazón del Voto de las Cinco Llagas”, una llamada a recuperar hoy una unidad que considera debilitada.
El arzobispo ha advertido de que la sociedad actual tiende a acentuar las diferencias sociales, culturales, políticas e incluso religiosas. Frente a ello, ha defendido que esta tradición recuerda que las distancias las crean las personas, pero que por encima de todo está una condición compartida de igualdad y fraternidad.
En ese contexto, ha lanzado también un mensaje dirigido al Ayuntamiento de Pamplona y al conjunto de las instituciones públicas. Roselló ha pedido gobernar “para todos, independientemente del signo y color político”, y ha reclamado diálogo para afrontar juntos los problemas que afectan a la ciudad.
Entre esas heridas actuales, el arzobispo ha citado las llagas de pobreza, los problemas de vivienda, la soledad, los suicidios, el futuro de los inmigrantes y el derecho a la vida. “Si en el año 1599 salimos juntos de la peste, en el 2026 estamos llamados a superar juntos las llagas que asolan la ciudad de Pamplona”, ha afirmado.
El prelado ha cerrado su homilía defendiendo una Iglesia abierta a todos y con la mano tendida, al tiempo que ha apelado a mantener el diálogo en las instituciones para mejorar la vida de toda la ciudadanía.