• sábado, 09 de mayo de 2026
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SOCIEDAD

Los expertos alertan de granizadas y señalan el gesto que nunca debes hacer en el coche

El granizo puede aparecer de forma repentina y obliga a conducir con más calma, más distancia y sin maniobras bruscas.

Fuerte granizada en una carretera.
Fuerte granizada en una carretera.

Los expertos han alertado del riesgo de granizadas con la llegada de la primavera y las tormentas intensas que puede complicar la circulación y sorprender a muchos conductores en carretera.

Una granizada no solo provoca daños en la carrocería o en las lunas del coche. También puede reducir de golpe la visibilidad, empeorar la adherencia del vehículo y obligar al conductor a tomar decisiones en pocos segundos. En esas situaciones, el error más peligroso suele ser reaccionar con nervios, frenar de forma brusca o detenerse donde no toca.

El granizo tiene una particularidad que lo hace especialmente traicionero al volante: puede aparecer de forma repentina. En apenas unos minutos, la carretera pasa de estar mojada a quedar cubierta por pequeñas bolas de hielo que actúan casi como canicas bajo los neumáticos. El coche pierde agarre, el ruido dentro del habitáculo aumenta y la tensión del conductor se dispara.

Por eso, la primera recomendación ante una tormenta con granizo es sencilla, pero decisiva: mantener la calma. El impacto constante del hielo contra el techo, el parabrisas y la carrocería puede generar miedo, sobre todo si viajan niños en el vehículo. Sin embargo, conservar el control y evitar movimientos impulsivos es lo que permite reducir el riesgo de accidente.

La conducción durante una granizada debe ser mucho más conservadora. Hay que levantar el pie del acelerador de manera progresiva, aumentar la distancia de seguridad y evitar frenazos, volantazos o adelantamientos innecesarios. También conviene llevar encendidas las luces de cruce para ver mejor y, sobre todo, para ser vistos por otros conductores.

La visibilidad es otro de los grandes problemas. Cuando la lluvia y el granizo golpean con fuerza, el conductor tiende a mirar demasiado cerca del capó. Ese gesto reduce la capacidad de anticipación. Lo más seguro es elevar la mirada, observar más lejos y apoyarse, si hace falta, en las luces de los vehículos que circulan por delante para interpretar el trazado de la vía.

También hay que prestar atención al asfalto. Las zonas más claras, brillantes o con acumulaciones de agua suelen indicar menos agarre y más riesgo de acuaplaning. Si el vehículo atraviesa un charco o una zona cubierta por granizo, lo recomendable es mantener la trayectoria con suavidad, sin frenar de golpe y sin girar el volante de manera brusca.

Si la tormenta se vuelve demasiado intensa o la visibilidad impide seguir circulando con seguridad, lo adecuado es buscar un lugar protegido. Un garaje, una estación de servicio o una zona cubierta son mejores opciones que improvisar una parada en cualquier punto. Los expertos desaconsejan detenerse en arcenes con poca visibilidad o bajo puentes en vías con tráfico, porque pueden producirse frenadas bruscas y acumulaciones peligrosas de vehículos.

Una vez detenido el coche, conviene orientar el frontal hacia la dirección de caída del granizo. El parabrisas está diseñado con mayor resistencia estructural que otras zonas del vehículo y ofrece una protección superior frente a impactos directos. En cambio, las lunas laterales y la carrocería pueden resultar más vulnerables.

Otra recomendación clave es no salir del vehículo mientras la granizada sea intensa. El coche actúa como una barrera de protección frente al hielo, que en episodios severos puede caer a gran velocidad y causar lesiones. Abandonar el habitáculo aumenta además el riesgo de atropellos, resbalones o desorientación en una situación de baja visibilidad.

Uno de los miedos más habituales es que el parabrisas se rompa. La guía elaborada por Carglass España, citada como fuente de estas recomendaciones, recuerda que este vidrio está preparado para no fragmentarse hacia el interior en caso de rotura. Por eso, incluso en una situación de mucho ruido o impactos, lo prioritario sigue siendo mantener la atención en la carretera y no dejarse llevar por el pánico.

El granizo se forma en nubes de tormenta de gran desarrollo vertical, conocidas como cumulonimbos. Dentro de ellas, una pequeña partícula de polvo o hielo actúa como núcleo inicial. Las corrientes ascendentes la empujan hacia zonas muy frías de la nube, donde se van congelando gotas de agua sobreenfriada.

Ese proceso puede repetirse varias veces. El embrión de hielo sube y baja dentro de la nube, incorpora nuevas capas y aumenta de tamaño hasta que pesa demasiado para mantenerse en suspensión. Entonces cae al suelo en forma de granizo. Por eso muchas piedras presentan capas concéntricas, similares a las de una cebolla, con hielo transparente y hielo opaco.

La primavera y el verano son las épocas más propicias para este fenómeno, porque se combinan aire cálido en superficie, aire frío en altura e inestabilidad atmosférica. En España, una de las zonas donde se dan condiciones favorables es el valle del Ebro, que incluye Aragón, La Rioja y Navarra.

El tamaño del granizo puede variar mucho. Se considera granizo a partir de los 5 milímetros de diámetro, pero las piezas capaces de causar daños materiales suelen situarse entre los 2 y los 4 centímetros, un tamaño parecido al de una pelota de golf. En casos extremos se han registrado piedras de hasta 20 centímetros y más de un kilo de peso.

La velocidad de caída también puede ser considerable. Una pieza de aproximadamente un centímetro puede alcanzar unos 32 kilómetros por hora. Las de mayor tamaño, en torno a los 8 centímetros, pueden caer a velocidades próximas a los 170 kilómetros por hora. Esa fuerza explica los daños que puede causar en techos, capós, lunas y parabrisas.

Si el coche está aparcado en la calle y no hay posibilidad de llevarlo a un garaje, se pueden tomar medidas sencillas para reducir daños. Colocar mantas, alfombrillas o fundas protectoras sobre el techo, el capó y el parabrisas puede ayudar a amortiguar los impactos. Eso sí, deben quedar bien sujetas para que el viento no las desplace ni generen peligro en la vía pública.

Después de una tormenta con granizo, la revisión del vehículo es importante. Un pequeño impacto en el parabrisas puede convertirse más adelante en una grieta por cambios de temperatura, vibraciones o tensiones del propio coche. Por eso, si se detecta algún daño en las lunas, conviene actuar cuanto antes y no esperar a que el problema vaya a más.

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