Un virus diseñado para destruir células tumorales e inoculado directamente dentro del tumor cerebral. Esa es la herramienta con la que investigadores del Cancer Center Clínica Universidad de Navarra (CCUN) están intentando abrir una nueva vía para niños y jóvenes con algunos de los cánceres cerebrales más agresivos y para los que, después de una recaída, apenas existen alternativas terapéuticas. El ensayo ya está en fase 2, ha comenzado a tratar pacientes y busca ahora responder a la pregunta decisiva: si la terapia es realmente eficaz.
Los investigadores Marta Alonso y Jaime Gállego han explicado este miércoles en Pamplona los avances del proyecto durante un desayuno organizado por la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) con motivo del Día Mundial de la Investigación en Cáncer. La entidad ha financiado con un millón de euros la puesta en marcha de la fase dos del ensayo.
El ensayo clínico está dirigido a diferentes tipos de tumores cerebrales que afectan principalmente a niños y adultos jóvenes y que han vuelto a progresar después de recibir los tratamientos disponibles actualmente.
"En esas circunstancias realmente no hay alternativas terapéuticas", ha explicado Gállego. De ahí el objetivo de buscar "una solución, una alternativa" para unos pacientes y unas familias que llegan a estos ensayos después de haber agotado otras posibilidades.
La estrategia utiliza un virus oncolítico, diseñado para atacar las células tumorales. Los médicos lo administran directamente dentro del tumor cerebral.
El proyecto no parte de cero. Detrás del ensayo que ahora ha alcanzado la fase 2 hay un camino de investigación iniciado hace más de quince años. En 2010, Marta Alonso puso en marcha su propio laboratorio centrado en buscar tratamientos para tumores cerebrales infantiles y otros cánceres pediátricos. Durante los años siguientes, su equipo ha trabajado en modificar virus para que sean capaces de eliminar las células tumorales sin provocar una infección, primero en modelos animales y posteriormente en pacientes.
Ese trabajo permitió llegar a un primer ensayo clínico de fase 1, cuyos resultados se publicaron en 2022. La principal conclusión fue que el tratamiento con el virus era seguro, además de ofrecer datos que los investigadores consideraron esperanzadores. Paralelamente, el laboratorio ha seguido buscando formas de mejorar la terapia y la Asociación Española Contra el Cáncer ha respaldado esta línea con una financiación de 300.000 euros.
Entre 2023 y 2024, nuevos trabajos en modelos animales mostraron además que la eficacia del virus podía aumentar al combinarlo con otros fármacos. Todo ese recorrido ha desembocado ahora en el nuevo salto clínico: en 2026, la Asociación ha destinado un millón de euros a poner en marcha el ensayo de fase 2, dirigido por Jaime Gállego, con el objetivo de confirmar si el tratamiento es realmente eficaz frente a estos tumores cerebrales infantiles.
Es precisamente ese recorrido previo el que permite que los investigadores estén ahora intentando responder a la pregunta decisiva: no solo si administrar el virus es seguro, algo que ya se ha estudiado, sino si consigue mejorar realmente la evolución de los pacientes.
"Ya demostramos que, lo primero, esto no hace daño", ha señalado Gállego. Aquel primer estudio también ofreció indicios de eficacia, lo que ha permitido dar el siguiente paso.
Ahora el ensayo se encuentra en fase 2. Esta etapa busca incorporar un número mayor de pacientes y comprobar de manera más sólida si el tratamiento consigue realmente actuar contra el tumor.
El estudio se ha puesto en marcha recientemente y ya ha tratado a varios niños y algún paciente joven. El reclutamiento continúa abierto.
Los investigadores calculan que necesitarán uno o dos años para incorporar buena parte de los pacientes necesarios, aunque disponer de resultados suficientemente sólidos del estudio requerirá más tiempo. El horizonte que manejan para contar con los resultados completos ronda los cuatro años.
La dificultad está también en encontrar pacientes. Son enfermedades poco frecuentes, pero tremendamente agresivas, por lo que el proyecto está recibiendo consultas incluso de pacientes internacionales.
El ensayo se ha dividido en tres grupos diferentes según el tipo de tumor para poder analizar si la terapia funciona de forma distinta en cada enfermedad.
Uno de ellos es el glioma difuso de línea media, uno de los tumores cerebrales más agresivos entre niños y jóvenes. En España se diagnostican aproximadamente 30 casos al año.
Su propia localización dificulta enormemente el tratamiento. Aparece en estructuras centrales y esenciales del cerebro, como el tronco cerebral, la médula espinal o determinadas zonas profundas, y además no forma una masa perfectamente delimitada que pueda retirarse mediante cirugía.
Las células tumorales se infiltran entre el tejido cerebral sano, lo que impide distinguir con claridad dónde acaba el tumor. Esa característica explica por qué la cirugía no suele ofrecer una solución y obliga a buscar otras herramientas terapéuticas.
El tumor aparece especialmente en niños. Uno de los picos de incidencia se encuentra aproximadamente entre los 6 y los 8 años, aunque también puede afectar a adolescentes y adultos jóvenes. En estos casos, los investigadores han señalado una supervivencia que puede situarse alrededor de los doce meses.
"Son familias que están en una situación desesperada", ha explicado Gállego al describir lo que encuentran cuando un paciente llega al ensayo.La posibilidad de acceder a una terapia experimental abre una puerta, pero los propios investigadores han advertido de la necesidad de manejar con prudencia las expectativas."Se ponen muchas esperanzas en ensayos clínicos que al final no sabemos si van a funcionar o no", ha explicado Alonso.
Precisamente por eso la fase actual resulta determinante. Si la terapia demuestra eficacia, todavía quedarían posteriores estudios con más pacientes antes de que pudiera convertirse en un tratamiento habitual.
En enfermedades tan poco frecuentes, sin embargo, existen mecanismos regulatorios que pueden acelerar el acceso cuando los resultados son excepcionalmente buenos y los enfermos apenas disponen de alternativas.
La investigación de los tumores raros presenta además una dificultad añadida: conseguir suficiente financiación. Alonso ha asegurado que el apoyo actual a la investigación en España es insuficiente, especialmente para estas enfermedades. "Claramente no", ha respondido al ser preguntada por si existen recursos suficientes.
La investigadora ha señalado tanto la escasez como el reparto de los recursos y el peso de la burocracia. "Hay pocos recursos, los recursos están también mal repartidos y hay mucha burocracia por medio", ha explicado.
En su caso, buena parte del trabajo ha podido avanzar también gracias al apoyo de asociaciones y fundaciones, entre ellas la Asociación Española Contra el Cáncer.Alonso ha reclamado por ello un "compromiso claro" de las administraciones con una investigación que necesita años antes de llegar a los pacientes.
Esa lentitud explica también por qué cada avance tiene detrás mucho más trabajo del que finalmente se ve en una consulta. Antes de probar una terapia en personas hay años de estudios de laboratorio, desarrollo de modelos y ensayos destinados a comprobar primero que el tratamiento es seguro.
Y los resultados negativos también forman parte de ese camino. Gállego lo ha resumido durante el encuentro: si finalmente una estrategia no funciona, entender por qué ha fallado también permite regresar al laboratorio, corregirla y seguir buscando.
El objetivo último permanece intacto: encontrar una curación o, cuando todavía no sea posible, conseguir ganar tiempo y calidad de vida para unos pacientes que hoy tienen muy pocas alternativas. "Aunque estamos hablando de enfermedades con poca prevalencia, todas las vidas importan y estos pacientes merecen una oportunidad", ha insistido Alonso.