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SOCIEDAD

"Mamá, no me quiero morir": el viaje del niño Gabriel a Pamplona para salvar su vida

Gabriel es un niño de 7 años que lucha ahora para superar la enfermedad en Pamplona. Sus padres relatan su odisea hasta llegar a Navarra después de que el niño fuera desahuciado en su país.

Donald Ávila, Gabriel Ávila y Marianela González siguen su lucha por salvar al pequeño en Pamplona. IRANZU LARRASOAÑA
Donald Ávila, Gabriel Ávila y Marianela González siguen su lucha por salvar al pequeño en Pamplona. IRANZU LARRASOAÑA

"Mamá, yo no me quiero morir". Con esta frase, Gabriel Ávila González, natural de Costa Rica, dejaba claro a sus padres, hace unos meses, que él quería luchar. Y ellos han movido montañas para que este niño de 7 años tenga una segunda oportunidad en la vida. La ha encontrado en la Clínica Universidad de Navarra, en Pamplona, dónde está recibiendo un novedoso tratamiento de inmunoterapia contra la leucemia que sufre desde hace tres años. 

A Gabriel le gustan mucho los dinosaurios y los juguetes de Lego. De momento, permanece ingresado en una de las habitaciones de cuidados intensivos, que ya ha decorado con dibujos de sus criaturas favoritas. "Se los ha hecho otro niño del hospital", dice orgullosa su madre, Marianela González

El padre, Donald Ávila, sonríe y dice que, a pesar de todo, son "muy felices". Ahora tienen esperanza. En abril de este año, cuando todavía estaban en Costa Rica, los médicos les dieron la peor de las noticias a estos padres: "Desahuciaron a Gabriel. Nos dijeron que nos lo llevásemos a casa y disfrutáramos el tiempo que nos quedase con él", comenta mientras se aguanta las lágrimas. 

La batalla de Gabriel había arrancado tres años antes, en 2020, cuando le diagnosticaron Leucemia Linfoblástica Aguda. A partir de entonces, se sometió a un tratamiento de quimioterapia en un hospital de Costa Rica.

Debía acabarlo en noviembre de este año. Sin embargo, sólo unos meses antes del ansiado momento de tocar la campana (símbolo que anuncia que un paciente ya no tienen cáncer), Gabriel presentó un problema con sus defensas. Y esto impidió que siguiese este tratamiento de quimioterapia

Las malas noticias no dejaban de llegar. Los médicos comunicaron a la familia que Gabriel había recaído. Sólo había un plan posible: "Nos dijeron que haríamos cuatro internamientos de un mes cada uno para tratarlo con dosis mucho más fuertes de quimioterapia, con descansos de una semana entre cada mes para poder limpiar su médula". Al final de estos meses, el niño tendría que ser sometido a un trasplante de médula para lograr la cura definitiva. 

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La familia al completo: Jimena Ávila, Donald Ávila, Marianela González y Gabriel Ávila. CEDIDA

Pero ese día nunca llegó. Al principio del tercer mes con este nuevo tratamiento el cuerpo de Gabriel no aguantó más. Seguía teniendo muy afectada la médula y no se podía hacer más en Costa Rica. "Allí no hay tratamientos de inmunoterapia", explica Donald. Así las cosas, Gabriel volvió a casa y sus padres trataron de hacerlo feliz en todo momento. "Lo llevamos a Disney e hicimos muchos planes. Pero no se disfruta, es imposible. Estás pendiente de muchas cosas, no sabes si se va a despertar al día siguiente...", relata. 

Y la salud de Gabriel se deterioraba rápidamente. "Llegó un momento en el que tenía mucho dolor, no comía y apenas hablaba", reconoce él. El tiempo corría en su contra. 

Dicen que unos padres son capaces de hacer cualquier cosa por su hijo. Donald y Marianela son el claro ejemplo de que este dicho es literal. "Pusimos todo en manos de Dios", reconoce la madre. 

Y nunca tiraron la toalla. "Empezamos a investigar si había otras opciones y tocamos a las puertas de muchos hospitales en varios países", recuerda el padre. "Ninguno quería recibirlo por su condición y a eso había que sumar el coste de los tratamientos", explica la madre. Gabriel llevaba meses sin recibir el tratamiento para la leucemia. Tan sólo se le administraban medicamentos paliativos. Y la enfermedad avanzaba. De ahí que muchos médicos no viesen ápice de esperanza. 

La respuesta de la Clínica Universidad de Navarra fue muy diferente. "Nos dijeron que lo recibirían. Estamos muy agradecidos", comenta el padre. En ese momento, la familia inició en Costa Rica una campaña para recaudar fondos y poder costear así el tratamiento en Pamplona. 

Cuando tan sólo tenían la cuarta parte de lo que costaba la primera valoración, emprendieron un viaje en el que nadie ponía la mano en el fuego para asegurar que Gabriel iba a llegar vivo a Pamplona. "Tenía un problema con las plaquetas y corría el riesgo de sufrir hemorragias en el cerebro durante el vuelo", explica Donald. 

Tanto el hospital de Costa Rica como la Clínica Universidad de Navarra recomendaron a la familia contratar un vuelo medicalizado. "Son muy caros y no podíamos permitírnoslo", lamenta el padre. 

Tomaron la decisión de asumir el riesgo y subieron a Gabriel a un avión comercial. "La noche anterior teníamos los pasajes comprados, pero seguíamos pensando si estábamos haciendo lo correcto", recuerda él.

Ambos progenitores coinciden en que esta ha sido una de las decisiones más complicadas de su vida. "Si nos quedábamos en Costa Rica, Gabriel se moría. En el avión también se podía morir. En Pamplona también podíamos perderlo...". Pero se armaron de "mucho valor" y apuraron todas las opciones. 

Al contar esta parte de la historia, el padre de Gabriel se acuerda especialmente de un hombre que realizó un donativo para ayudar a Gabriel. "Su hijo había pasado por una situación muy parecida a la del mío. Me escribió después y me dijo que me entendía perfectamente. Él había decidido quedarse y el niño había muerto poco después", cuenta con un tono de desgarro en la voz. "Me alegro de haber tenido ese valor para subirme al avión con Gabriel". 

Consiguieron comprar billetes de primera clase para Gabriel y su madre. "Así iba más cómodo, recostadito. Yo viajé en clase turista". Toda la familia se muestra muy agradecida con la tripulación de Iberia: "Nos pusieron las cosas muy fáciles". Y con un médico pediatra que viajaba en ese mismo vuelo y se ofreció para chequear a Gabriel. "Veía que le bajaba el oxígeno y llamaba al pediatra. Me tranquilizaba diciendo que era porque estábamos muy altos", recuerda con angustia Marianela. 

La lucha de Gabriel seguía. Llegó vivo a Madrid y, tras unas primera horas en el centro que Clínica Universidad de Navarra tiene en la capital de España, fue traslado en ambulancia hasta Pamplona. Le acompañó su madre y su padre tuvo que esperar para coger un autobús al día siguiente. Había invertido hasta el último céntimo de lo que llevaba encima para dejar pagado el máximo posible del tratamiento de Gabriel y no pudo costearse antes el billete. 

Finalmente, pudo reunirse con su mujer y su hijo. Llegaron a Pamplona hace 15 días. "El cambio ha sido brutal. Ya come, habla y ha superado todas las infecciones con las que llegó", comenta el padre de Gabriel, mientras el niño ve unos dibujos animados en la televisión. En el transcurso de la conversación, entran a entregar una bandeja con la comida de Gabriel y ambos padres sonríen, quizá porque para ellos volver a ver a su hijo comiendo es un pequeño milagro. "Nos están tratando tan bien...", susurra. 

Hace ocho días Gabriel pudo comenzar su tratamiento de inmunología. Está previsto que lo reciba durante 28 días. Después, si logra entrar en remisión, podrá ser sometido a un trasplante de médula. Por eso, Donald volverá próximamente a Costa Rica para traer a su hija mayor, Jimena. Tiene 14 años y se tuvo que quedar atrás para terminar el curso escolar. La adolescente se someterá, junto a la madre, a las pruebas para ver si son aptas para donar su médula a Gabriel. 

"Bueno, en parte tampoco quisimos traerla a Pamplona de primeras porque no sabíamos qué nos íbamos a encontrar aquí. No teníamos ni dónde vivir", reconoce el padre. De hecho, asegura que se han encontrado con muchas dificultades para alquilar un piso en Pamplona. "Nos piden una nómina y no la tenemos porque no estamos trabajando". 

Él es bombero y ha tenido que pedir una baja para poder cuidar de Gabriel. "Cobro un porcentaje de mi sueldo habitual", especifica. Y sus compañeros se han volcado con él y su familia. De hecho, llevan buena parte del peso de la colecta de fondos en Costa Rica. Una iniciativa en la que también participan familiares y amigos. Y de la que se han hecho eco muchos medios de comunicación y personas reconocidas del país. 

Marianela es emprendedora. Y tenía un exitoso negocio de repostería. "En abril decidí dejar de trabajar y centrarme en mi hijo. Tuve que cerrarlo", confiesa. 

Ambos padres centran ahora sus esfuerzos en cuidar de Gabriel, quien, según su testimonio, ha evolucionado mucho desde que inició su tratamiento. "Los médicos nos han dicho que está reaccionando bien", indican. 

Cartel con la información para ayudar a Gabriel Ávila.
Cartel con la información para ayudar a Gabriel Ávila.

Aunque les siguen llegando donativos de Costa Rica, ambos se están moviendo para conseguir movilizar a más gente en España para conseguir costear todo el tratamiento al que está siendo sometido su hijo.

Las personas interesadas en ayudar a la familia de Gabriel pueden hacer un donativo a través de tres vías diferentes: Go Fund Me, por trasferencia o bizum a la cuenta bancaria de Donald en España (ES96 0182 7541 3602 0160 4390), o por trasferencia a una de las cuentas de la propia Clínica Universidad de Navarra (ES45 0075 0256 49 0600602778 / ES86 2100 9161 44 2200152409). 

Donald hace hincapié en que, si alguna persona hace un donativo en alguna de las dos cuentas de la Clínica Universidad de Navarra, es muy importante que indique en el asunto el siguiente texto: Tratamiento del niño Luis Gabriel Ávila González. Asimismo, debe de enviar el comprobante a estas dos direcciones de correo: valoració[email protected] (Clínica Universidad de Navarra) y [email protected] (Donald Ávila). 

"Estamos muy agradecidos a la Clínica Universitaria de Navarra porque ha puesto a nuestra disposición sus cuentas para las donaciones de cara a dar más seguridad", asegura el padre. Además, relata una escena que le conmovió profundamente: "Uno de los primeros días se pasó por la habitación un responsable del departamento de Valoración Económica y Financiación para tranquilizarnos por el tema del pago y le dijo a Gabriel que iba a cuidar de él". 

Donald también se ha puesto en contacto con varias ONGs en Navarra que les están ayudando a tramitar una visa humanitaria y les están proporcionando ayuda psicológica. "La visa es muy importante porque permitiría a mi hijo recibir el trasplante en un hospital público de España y nos abarataría el coste de los tratamientos", sostiene. 

Poco a poco, la familia Ávila - González va cerrando frentes. Donald se ha puesto en contacto con una mujer que alquila alojamientos a pacientes y familias que viajan a Pamplona por motivos médicos y espera cerrar pronto un contrato de alquiler

En Costa Rica están en el proceso de vender su casa y el coche. Pero a estos padres no les preocupa cómo será el día después a que Gabriel termine el tratamiento tras tantas renuncias. "Empezaremos de cero. Me reincorporaré a mi trabajo de bombero y con eso iremos tirando", señala el padre.

Sonríe al imaginar una escena que hace sólo quince días no se atrevía ni a soñar: "Siempre que vuelva a Costa Rica de la mano de Gabriel, habrá merecido la pena".


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