SOCIEDAD
El pueblo de Navarra que conserva la muralla medieval más impresionante de España y aún parece una fortaleza viva
Fue construido en plena Edad Media para defender la frontera del antiguo Reino de Navarra.
Todos los pueblos de Navarra llevan con orgullo algo que los hace únicos: un castillo de cuento, una leyenda pirenaica o un secreto geográfico. Pero hay uno que presume de haber sido una auténtica ciudadela inexpugnable, con murallas que resisten el paso de los siglos y que hoy forman el recinto románico mejor conservado de todo el país. Ese lugar es Artajona, un pueblo de la Zona Media que parece sacado de una película de caballeros y asedios, pero con vida real y tomate de por medio.
Con unos 1.600 habitantes y situado en una llanura fértil a solo 30 minutos de Pamplona, Artajona no es el típico pueblo de postal con caseríos floridos. Su orgullo es el Cerco de Artajona, un impresionante conjunto fortificado del siglo XI que corona un cerro sobre el pueblo. Construido en plena Edad Media para defender la frontera del antiguo Reino de Navarra, este recinto de murallas de piedra con nueve torres cúbicas almenadas (de las catorce originales) rodea la iglesia de San Román como si aún esperara un ataque. Es el ejemplo más completo y monumental de arquitectura militar románica en España: gruesas murallas de hasta 3 metros de espesor, aljibes medievales excavados en la roca y un ambiente que te transporta directamente al año 1085, cuando se documenta por primera vez.
El mote del pueblo no es oficial, pero los artajoneses se enorgullecen de ser “los del Cerco”, y con razón: este monumento nacional no solo es un tesoro arqueológico, sino que sigue siendo el corazón del pueblo. Desde arriba, las vistas abarcan la Ribera, la sierra del Perdon y hasta los Pirineos en días claros. Y lo mejor: puedes pasear por dentro, tocar las piedras centenarias y sentir que estás dentro de una fortaleza viva.
Sube directo al Cerco: entra por la puerta principal y recorre el perímetro. La Iglesia de San Román (siglo XI-XII) es románica pura, con tres naves, capiteles historiados y un claustro que parece suspendido en el tiempo. Dentro del recinto hay un aljibe medieval recién descubierto (7x4 metros) que recogía agua de lluvia para resistir asedios largos. Si vas en verano, el Festival de Teatro Clásico o las representaciones históricas en el Cerco te meten de lleno en la época.
Baja al casco urbano: la Plaza de los Fueros con su ayuntamiento barroco y casas solariegas, la Iglesia de la Asunción (gótico-renacentista) y calles empedradas que conservan el trazado medieval. No te pierdas el museo etnográfico en una casa antigua, donde reviven oficios tradicionales y la vida rural navarra.
Y para los amantes de lo curioso: Artajona es famosa por su tomate feo pero riquísimo, un tomate irregular, arrugado y de piel gruesa que los locales llaman “el tesoro más feo de Navarra”. Su sabor intenso (por el clima seco y el suelo) lo hace ideal para conserva, y en agosto celebran la Fiesta del Tomate con catas y mercados.
Si te sobra tiempo, haz una ruta corta por los alrededores: el yacimiento romano cercano o el camino hacia Mendigorría con vistas al valle.
Después de tanto caminar por murallas y torres, toca recargar con la cocina de la Zona Media:
Artajona no es de esos pueblos que pasas de largo. Es donde aparcas, subes al cerro, respiras historia y te das cuenta de que esas murallas no solo defendieron un reino: siguen defendiendo el orgullo de un pueblo entero. Ve en primavera para ver los campos verdes o en septiembre para las fiestas patronales. Pero sea cuando sea, prepárate: al bajar del Cerco, mirarás atrás dos veces… por si las torres aún vigilan.