• miércoles, 10 de junio de 2026
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SOCIEDAD

La Universidad de Navarra descubre por qué las personas tienden a caminar hacia la izquierda

Una investigación internacional ha identificado una inclinación universal en el movimiento humano que podría ayudar a diseñar espacios públicos más seguros y eficientes.

De izquierda a derecha: Iker Zuriguel, Iñaki Echeverría y Ángel Garcimartín / Esther Lozano
De izquierda a derecha: Iker Zuriguel, Iñaki Echeverría y Ángel Garcimartín / Esther Lozano

Un estudio internacional liderado por la Universidad de Navarra ha descubierto que las personas tienden de forma natural a caminar ligeramente hacia la izquierda, una inclinación pequeña a nivel individual, pero capaz de influir en cómo se mueven las multitudes cuando cientos o miles de peatones comparten un mismo espacio.

La investigación, publicada en Nature Communications, ha identificado una tendencia universal a desplazarse en sentido antihorario. El hallazgo no solo aporta una nueva explicación sobre la forma en la que se organizan espontáneamente los grupos de personas, sino que también podría ayudar a mejorar la gestión de multitudes en aeropuertos, estaciones, centros comerciales, recintos deportivos y otros lugares concurridos.

El trabajo ha sido liderado por la Universidad de Navarra y ha contado con una amplia campaña experimental desarrollada durante varios años en España y Japón. Los investigadores han analizado el movimiento de adultos, escolares, niños de educación infantil y personas caminando de forma individual para comprobar si esta inclinación dependía de la cultura, del entorno o de las normas sociales.

La conclusión ha sido llamativa: esa ligera tendencia a caminar hacia la izquierda aparece incluso cuando desaparecen muchos de los factores que hasta ahora se consideraban decisivos. Se ha observado en espacios abiertos sin obstáculos, en niños pequeños que todavía no han interiorizado normas de circulación peatonal y en países con hábitos distintos a la hora de caminar o esquivar a otras personas.

Hasta ahora, los científicos atribuían la organización espontánea de las multitudes principalmente a la interacción entre peatones. También se tenía en cuenta la forma de evitar choques, las normas sociales sobre si caminar por la derecha o por la izquierda, y las características físicas del entorno, como paredes, pasillos o límites espaciales.

El nuevo estudio introduce otro elemento: un sesgo locomotor intrínseco, es decir, una predisposición individual en la dirección del movimiento. Esa inclinación, aunque parezca mínima cuando una persona camina sola, puede amplificarse cuando se suma al comportamiento de muchas personas.

“Durante décadas hemos pensado que estos patrones colectivos surgían únicamente de la interacción entre los peatones. En nuestro trabajo hemos comprobado que una parte relevante de ellos no surge únicamente cuando las personas se agrupan, sino que es inherente al individuo”, ha señalado Iñaki Echeverría, investigador de Física y Matemática Aplicada de la Universidad de Navarra y primer autor del artículo.

Los investigadores han observado que, al pedir a un grupo de personas que camine, tanto en un espacio cerrado como en uno completamente abierto, aparece una ligera tendencia a desplazarse en sentido antihorario. No todos los participantes muestran esa preferencia, pero sí una mayoría suficiente como para que el grupo acabe generando un patrón visible.

“No todos los miembros del grupo muestran esta preferencia, pero una amplia mayoría sí tiende a desplazarse en sentido antihorario. Esa inclinación acaba marcando la dirección que sigue el conjunto y da lugar a patrones colectivos visibles”, ha explicado Echeverría.

Uno de los puntos más relevantes de la investigación ha sido la comparación entre España y Japón. El equipo ha elegido ambos países para analizar si el fenómeno dependía del modo en el que los peatones tratan de no chocar al caminar, ya que en ambos lugares suelen desplazarse y esquivarse por lados opuestos.

Los ensayos han incluido grupos de adultos caminando en espacios controlados, escolares moviéndose libremente en un patio abierto, niños de educación infantil y participantes que realizaban recorridos de forma individual. Esta variedad de pruebas ha permitido descartar que la tendencia se explique solo por la cultura, el aprendizaje social o las condiciones del entorno.

“Queríamos averiguar si el fenómeno dependía de normas culturales, de la interacción con el entorno o de las estrategias de evasión entre peatones. Los resultados indican que ninguno de estos factores, por sí solo, explica completamente lo que observamos”, ha apuntado Iker Zuriguel, catedrático de Física Aplicada de la Universidad de Navarra y uno de los autores principales del trabajo.

Las pruebas con personas caminando solas han confirmado que la preferencia direccional también está presente a nivel individual. Esto ha permitido descartar que se trate únicamente de una propiedad que aparece cuando las personas forman parte de un grupo.

Los investigadores también han estudiado factores asociados a la lateralidad, como ser diestro o zurdo, el pie dominante o la dominancia ocular. Sin embargo, no han encontrado evidencias de que estos elementos expliquen el comportamiento observado.

El hallazgo puede tener aplicaciones en la movilidad urbana y en la gestión de grandes concentraciones de personas. El equipo ha logrado reproducir matemáticamente los patrones observados en grupos numerosos utilizando únicamente información obtenida de personas caminando solas.

Este resultado refuerza la idea de que algunas dinámicas colectivas pueden entenderse a partir de características individuales compartidas. En la práctica, este conocimiento puede ayudar a crear modelos más precisos sobre cómo circulan las personas en espacios compartidos.

“Conocer mejor los factores que influyen en nuestra forma de movernos permite desarrollar modelos más precisos sobre cómo circulan las personas en espacios compartidos. Esta información podría ser útil para diseñar infraestructuras más eficientes y crear entornos que se adapten mejor a la manera en que nos movemos en nuestro día a día”, ha añadido Zuriguel.

Los autores recuerdan que las interacciones sociales y el entorno siguen siendo claves para entender el comportamiento de las multitudes. Sin embargo, el estudio muestra que las predisposiciones individuales también tienen un papel relevante en la aparición de movimientos colectivos.

Además, la investigación abre nuevas preguntas sobre el posible origen biológico de estas tendencias. Fenómenos similares se han observado en otras especies animales, desde bancos de peces hasta colonias de insectos.

“Los resultados sugieren que las predisposiciones individuales también desempeñan un papel relevante en la aparición de movimientos colectivos. Además, el estudio abre nuevas preguntas sobre el origen biológico de estas tendencias, ya que fenómenos similares se observan en otras especies animales, desde bancos de peces hasta colonias de insectos”, ha concluido Echeverría.

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