• jueves, 27 de febrero de 2025
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COMERCIO LOCAL

Juani, sin descanso en su panadería de Pamplona: “Me levanto todos los días a las 5 de la mañana”

Lleva solo unos meses en uno de los barrios más populares de la ciudad vendiendo pan, café, bollería, bebidas y productos de su país.

Juani Sejas Coca en la panadería Ugarte de Pamplona. Navarra.com
Juani Sejas Coca en la panadería Ugarte del barrio de la Milagrosa en Pamplona. Navarra.com

Juani Sejas Coca, boliviana de 55 años y natural de Cochabamba, lleva más de una década en Pamplona, pero ha sido en los últimos meses cuando ha dado un paso importante en su vida laboral.

Desde septiembre, esta mujer valiente y trabajadora se ha embarcado en una nueva aventura como autónoma, abriendo las puertas de la conocida panadería Ugarte en el popular barrio de la Milagrosa, ubicado en la calle Sangüesa número 38.

Está muy cerca de otros establecimientos que hemos conocido de comercio local en Pamplona, como el bar Garre con sus almuerzos y cazuelicas de ajoarriero y albóndigas, o la tienda helados Fanny de Nati y Gregorio que ha cumplido más de 60 años en el barrio.

Cada jornada en la panadería Ugarte comienza a las 5 de la mañana. Juani se levanta temprano para prepararse la comida y estar lista para recibir a los primeros clientes, que encuentran sus productos recién hechos a las 7,30 horas. En su panadería, las especialidades no solo son los panes, cafés y bollería, sino también una variedad de productos tradicionales de su Bolivia natal, como las deliciosas empanadas y las salteñas.

Estos últimos se han convertido en un éxito entre la clientela, tanto boliviana como local, que busca algo diferente. "Lo que más vendo es pan, cafecitos y todo lo que me piden. También hago pastas, patatas fritas y empanadas para los de Bolivia y para los que ya se han acostumbrado a esos sabores", comenta con una sonrisa.

Antes de que ella se hiciera con la panadería, el negocio estuvo a cargo de Claudia López y su madre Raquel Muro, quienes la llevaron con éxito durante varios años. Sin embargo, después de su cierre, Eva Hurtado Bellido tomó las riendas hasta el pasado verano de 2025, cuando Juani decidió probar suerte como autónoma y seguir adelante con el legado de este local tan querido por los vecinos.

El esfuerzo de Juani no es sencillo. A pesar de que su negocio funciona a buen ritmo, no es ajena a los desafíos de la competencia. "Los clientes siguen viniendo, pero la venta ha bajado un poquito", asegura. Esta competencia desleal es uno de los problemas que enfrenta, pero su espíritu no decae. Sabe que para seguir adelante, hay que trabajar duro y pagar lo que corresponde.

Juani no tiene días libres. Abre todos los días, sin importar el cansancio. No tiene un horario de cierre fijo, porque su prioridad es no perder a la clientela. "Trabajo todo el día porque hay que pagar el IVA, Hacienda... A veces no me da tiempo ni a conocer a la gente. Pero estoy contenta. Me gusta atender a todos los que entran", dice con una sinceridad que refleja su dedicación.

Aunque la rutina es agotadora, Juani se siente afortunada de vivir en Pamplona. La ciudad le ofrece tranquilidad, algo que no siempre se encuentra en su país. "Me encanta la atención del médico. Nos llaman, algo que en mi país no hay. Aquí te cuidan más", asegura.

Sin embargo, no todo es sencillo. Su hijo Fernando, de 23 años, ha tenido que viajar a Bolivia para hacer unos trámites burocráticos que le permitan estudiar en Pamplona, lo que ha dejado a Juani un poco más sola. "Me hace falta. Es un apoyo, una ayuda, mi todo", confiesa con nostalgia.

A pesar de la ausencia de su hijo, Juani se mantiene firme en su propósito. Sabe que su esfuerzo no solo es para mantener el negocio, sino también para enviar dinero a su familia en Bolivia. "Soy la única de mi familia que ha salido de allí", afirma, mostrando el sacrificio que ha implicado su vida en España.

A día de hoy, la panadería sigue siendo un lugar de encuentro para los vecinos de Pamplona. Los clientes se sienten como en casa, y Juani sigue adelante, con la esperanza de poder organizarse mejor en el futuro y poder tomarse al menos un día libre. Mientras tanto, su día sigue siendo una carrera contra el reloj, pero siempre con una sonrisa y la satisfacción de ofrecer un pedazo de su tierra en cada bocado.

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