• domingo, 05 de abril de 2026
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COMERCIO LOCAL

Desde los 19 años en su tienda de un pueblo de Navarra: “Lo que más me agota es el papeleo”

Una de las peculiaridades que ha hecho conocida a la tienda es el servicio de verdura limpia y envasada al vacío.

Viviana Barrigas Calderón junto a una clienta en su frutería de Villava. Navarra.com
Viviana Barrigas Calderón junto a una clienta en su frutería de Villava. Navarra.com

A las puertas de Pamplona, hay una tienda donde el día se mide en cajas, encargos y hojas de borraja. Dentro, la luz lo deja todo a la vista: el color de la fruta, el orden del género y, sobre todo, el trabajo constante de quien sostiene el negocio casi sin parar en Navarra. Aquí no hay ratos muertos; si no entra un cliente, se avanza faena. Y si entra, se atiende con una sonrisa y se vuelve a empezar.

En la frutería Viviana, en Villava, ese ritmo lo marca Viviana Barrigas Calderón, ecuatoriana, de 38 años, que lleva 18 años entre fruta y verdura. El local está en la calle Ricardo Bel número 6, en pleno centro del pueblo y en una zona bastante comercial, a solo tres kilómetros de Pamplona. “Muy bien. Encantada con la gente, encantada con el servicio y contenta con lo que estoy haciendo”, expresa sobre su día a día.

Su historia en Villava empezó en 2007, cuando llegó con 18 años siguiendo a sus padres, que se habían instalado antes en la localidad. “Me encantó el lugar y de aquí ya no he salido. Estaré por aquí no sé cuánto más, hasta que el cuerpo dé”, comenta, con esa mezcla de cariño y cansancio que suena a verdad.

Con 19 años ya trabajaba en la frutería, que entonces funcionaba como una franquicia. Más tarde, la cadena quebró y le ofrecieron quedarse el negocio. Desde 2009, la tienda es suya. “Estoy contenta. Villava es un pueblo muy magico. La gente es muy maja con gente buena”, asegura, orgullosa de un entorno que le ha dado clientela y también vida.

Y vida, en su caso, significa muchas horas sola. Porque lo más llamativo de su frutería no es solo la presentación cuidada del género o el local luminoso y bien decorado, sino el esfuerzo invisible: el que se repite cada día cuando el reloj avanza y ella sigue al pie del cañón. “Es un poco paliza porque estoy trabajando yo sola, pero el reloj tiene muchas horas”, confiesa. Cuando no hay clientes que atender, se pone a preparar verdura. Cuando los hay, alterna conversación, bolsa y báscula. Y luego, a seguir.

Una de las peculiaridades que ha hecho conocida a la tienda es el servicio de verdura limpia y envasada al vacío. Aquí se trabaja con productos muy de casa y con tareas que no perdonan. “Estamos todo el día limpiando verdura como borraja, acelga, cardo… La gente hace su encargo y además tenemos un expositor con la verdura colocada para vender”, explica. Es un trabajo de fondo: limpiar, preparar, envasar y reponer, mientras la tienda sigue abierta.

Lo curioso es que, aunque el esfuerzo se note, Viviana tiene claro qué parte le compensa. “Lo que me gusta es limpiar la verdura, atender a la gente, preparar la fruta”, enumera. Donde la energía se le va es en otra cosa, menos vistosa y más pesada: “Además tengo que hacer temas de oficina y papeles, que es lo que más me cuesta y me agota, el tema administrativo”, reconoce.

En Villava también está su familia. Allí viven sus padres, Julián y Carmen. Ella tiene un hijo de nueve años, Mateo, y cuatro hermanos: Patricia, Silvana, Yeseni y Giovani. Todo ese entorno, cuenta, forma parte de su día a día tanto como la tienda.

La frutería funciona como un espacio cómodo para comprar, con un sistema de autoservicio pensado para que el cliente elija con facilidad. “Intento dar el mejor servicio y la mejor facilidad porque es una tienda de autoservicio. La gente elige lo que necesita”, explica, mientras coloca género y vigila que todo esté a punto.

Además de fruta y verdura, en las estanterías también hay otros productos: pan de masa madre de Ultzama, que “se conserva perfectamente un par de días”, conservas y “un poco de todo”, organizado con el mismo orden que se ve en el mostrador. Viviana trabaja con agricultores locales y de cercanía, y presume de un abanico amplio dentro de un comercio responsable.

Las reseñas en redes sociales suelen apuntar a lo mismo: producto, trato y ese extra de trabajo que se nota. Una opinión habla de “una frutería llena de buenos productos y buenos precios”, con “atención genial” y producto “de calidad y proximidad”, y menciona que “la dueña tiene mucho niño y hace servicio de limpieza de verdura”.

Otra destaca: “Son muy amables, atienden muy bien y tienen buena calidad de productos. Incluso tienen algunos bío y de cercanía”. Y una tercera subraya el “gran surtido de frescos apetitosos”, los “aguacates en su punto”, el “servicio de verdura limpia” y que “por encargo cualquier cosa”.

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