• viernes, 01 de mayo de 2026
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POLÍTICA

EHKS, los herederos de la kale borroka disfrazados de “antifascistas”, celebran su Primero de Mayo en Pamplona

El partido proetarra, vinculado al movimiento GKS, elige la capital navarra para su concentración "socialista"

EHKS celebra el 1 de Mayo en Pamplona. PABLO LASAOSA
EHKS celebra el 1 de Mayo en Pamplona. PABLO LASAOSA

EHKS ha vuelto a movilizarse este 1 de mayo, esta vez desplazándose de Bilbao a Pamplona con una manifestación del Primero de Mayo marcada por un discurso de odio político, consignas contra la “guerra imperialista” y mensajes de llamada a la “unidad de clase”. La marcha, vinculada al entorno abertzale del Movimiento Socialista, ha reunido a alrededor de 2.500 personas, según los datos oficiales.

La movilización ha partido de la Plaza de Toros de Pamplona y ha finalizado en la Plaza de los Fueros, donde los convocantes han reivindicado un ambiente “combativo”. Durante el recorrido se han escuchado lemas como “Borroka da bide bakarra”, expresión que significa “la lucha es el único camino”, junto a mensajes contra la OTAN y el “imperialismo genocida”.

El Euskal Herriko Kontseilu Sozialista, conocido por sus siglas EHKS, se presenta como una estructura política ligada al Movimiento Socialista. En ese espacio también se sitúa GKS, Gazte Koordinadora Sozialista, una plataforma juvenil que ha ganado presencia en los últimos años dentro del sector más radical de la izquierda abertzale.

Estos colectivos han defendido este Primero de Mayo en Pamplona un mensaje centrado en la “miseria de los trabajadores”, el encarecimiento de la vida, los ERTE y la necesidad de “lucha organizada”. Sin embargo, sus detractores señalan que detrás de ese lenguaje político se esconde una estrategia de presión en la calle y de confrontación directa.

El entorno de EHKS y GKS ha sido señalado en los últimos meses por su presencia en episodios de tensión y violencia callejera en Navarra y el País Vasco. Entre los hechos atribuidos a estos grupos figuran invasiones de campus universitarios, incidentes con periodistas, lanzamiento de objetos contra la Policía y disturbios en movilizaciones.

También se les ha relacionado con una estética y unas formas de actuación que recuerdan a los años de la kale borroka, con grupos organizados, vestimenta negra y discursos que justifican la confrontación bajo la etiqueta del “antifascismo”. Para sus críticos, se trata de un relevo generacional de la violencia callejera que muchos daban por superada tras el final de ETA.

La presencia de EHKS en Pamplona no ha pasado desapercibida por el simbolismo político de la capital navarra. La organización incluye a Navarra dentro de su proyecto político y utiliza la denominación “Iruña” en sus comunicados, dentro de una concepción territorial ligada a la llamada Euskal Herria.

En su discurso, EHKS ha cargado contra España, la Unión Europea, la OTAN y el capitalismo, a los que responsabiliza de la situación de la clase trabajadora. La respuesta que propone pasa por reforzar la organización comunista, la movilización y la confrontación social.

Sus críticos, en cambio, advierten de que esa estrategia no ofrece soluciones reales a los problemas laborales y sociales. Consideran que el discurso de estos grupos convierte cualquier discrepancia en “fascismo” y coloca en el punto de mira a periodistas, policías, estudiantes, comercios o vecinos que no comparten sus postulados.

La manifestación del Primero de Mayo en Pamplona ha vuelto a evidenciar la distancia entre el sindicalismo tradicional y estas nuevas organizaciones radicales. Mientras UGT y CCOO han desarrollado su propia marcha bajo un lema centrado en derechos, salarios, vivienda y democracia, EHKS ha optado por un mensaje mucho más duro y revolucionario.

El auge de GKS también ha abierto una brecha dentro del propio independentismo abertzale. Sus integrantes acusan a Sortu y Bildu de haberse institucionalizado y de haber rebajado su perfil combativo, mientras el Movimiento Socialista intenta disputarles espacio entre los jóvenes más radicalizados.

Esa tensión se ha visto en los últimos años en universidades, barrios y movilizaciones juveniles. GKS ha buscado presentarse como una alternativa comunista frente a la izquierda abertzale institucional, con un discurso que combina independencia, socialismo y rechazo frontal al sistema político actual.

Para quienes denuncian su actividad, el problema no está solo en sus ideas, sino en la normalización de formas de presión que pueden derivar en intimidación y violencia. En Navarra, una comunidad marcada durante décadas por el terrorismo de ETA y la violencia callejera, cualquier recuperación de esos métodos genera una especial preocupación.

La defensa de la convivencia en Pamplona vuelve así al centro del debate político y social. Las instituciones y las fuerzas democráticas tienen ante sí el reto de distinguir entre la protesta legítima y aquellas prácticas que buscan imponer un proyecto político mediante el miedo, la coacción o la ocupación del espacio público.

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