En Iturrama, en la calle Pedro I, hay un centro que resume una parte importante de la historia educativa de Pamplona: el CPEE Andrés Muñoz Garde. Su nombre no es casual. Detrás hay un maestro que dedicó su vida a la educación especial y que dejó una huella tan profunda que, tras su muerte, el antiguo colegio Errotazar acabó llevando su apellido.
Andrés Muñoz Garde nació en Zaragoza en 1935 y murió en Pamplona el 11 de marzo de 1992. Fue maestro y se especializó en un ámbito entonces poco desarrollado: la atención educativa a alumnado con grandes necesidades de apoyo. Desde marzo de 1971 y hasta su fallecimiento dirigió el Colegio Errotazar, en la Rochapea, el origen directo del actual centro de educación especial.
Quienes convivieron con él en aquella etapa lo describen como un docente con sólida preparación y con una idea muy clara: la educación especial debía contar con recursos, profesionales y un proyecto estable. En torno a Errotazar se fue consolidando un modelo de atención que, con los años, necesitó nuevas instalaciones y una sede única para agrupar aulas y servicios.
Ahí está la clave de por qué hoy un colegio lleva su nombre. El centro estaba en pleno proceso de traslado a su nueva sede cuando Muñoz Garde falleció. En marzo de 1993, el antiguo Errotazar se trasladó con su dotación a la nueva ubicación de Iturrama y el centro pasó a denominarse Andrés Muñoz Garde “en homenaje” a su larga trayectoria como maestro y pionero en este campo.
El colegio que lo recuerda es hoy un centro público de educación especial de referencia en Pamplona. Atiende alumnado de 3 a 21 años, trabaja en Modelo G y cuenta con etapas y programas específicos, además de personal especializado y servicios como fisioterapia o enfermería, entre otros.
Su biografía, además, conecta con otra “seña” muy reconocible de Navarra. Muñoz Garde fue fundador y primer presidente de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago en Navarra y participó en la señalización con flechas amarillas del itinerario jacobeo, con constancia desde 1982 entre Roncesvalles y Compostela. Entre 1990 y 1992 también impulsó la señalización de la Vía de la Plata junto a la asociación.
Por eso, cuando en Pamplona se habla del colegio Andrés Muñoz Garde, no se habla solo de un nombre en una fachada. Se habla de una forma de entender la educación, centrada en dar respuesta a quienes más la necesitan, y de un maestro cuya huella sigue presente tanto en las aulas como en los caminos.