COMERCIO LOCAL
La librería de Pamplona que encuentra relevo familiar: “Es un trabajo generoso, amable, incluso con el madrugón"
“Nos defendemos bastante bien. Se trabaja por la mañana y por la tarde, además de sábados, domingos, festivos", aseguran.
El relevo ha llegado sin dramas y con la persiana subida a la misma hora de siempre: muy pronto. En pleno barrio de Iturrama, un negocio de los de “toda la vida” ha cambiado de manos, pero no de espíritu en la capital de Navarra. La escena se repite cada mañana: repartos, puerta abierta y vecinos que bajan a por lo suyo casi sin pensarlo.
La Librería Índice2, está en la calle Monasterio de Urdax 5 de Pamplona, frente a la Vuelta del Castillo. Allí trabaja desde hace años Aitor Idiazabal Ayesa, pamplonés de 40 años, que entró en 2011 y es segunda generación del negocio. “Somos de toda la vida de aquí, de esta zona”, afirma.
La librería la pusieron en marcha su padre, Félix Idiazabal Salinas, y otro socio, José Mari Manzano Elizari. Aitor se incorporó después como tercer socio y, tras la jubilación reciente de los dos primeros, se ha quedado como responsable principal. Desde el 5 de enero ha entrado un nuevo apoyo para sostener el día a día: Raúl Garrido, que se ha incorporado como segundo socio.
El motivo es sencillo: aquí se trabaja muchas horas y el reloj no perdona. “Para las siete de la mañana estamos aquí y se trabaja por la mañana y por la tarde, además de sábados, domingo, festivos. Son muchas horas y hacen falta dos personas”, explica Aitor. Según detalla, solo hay tres días al año en los que la tienda se detiene porque no hay prensa: 25 de diciembre, 1 de enero y el sábado de Semana Santa.
El resto del calendario, el arranque es temprano, desde las siete menos cuarto. Uno se encarga de los repartos y el otro ya tiene el comercio abierto. Los fines de semana y festivos, eso sí, el horario se queda en la mañana, pero entre semana toca jornada completa.
La tienda lleva más de 40 años abierta. “Creo que somos ya la cuarta generación. Estas casas se hicieron hace 60 años y entonces se abrió esta librería”, comenta Aitor. Con el tiempo, cada relevo ha ido dejando su huella: “El que entra de nuevo siempre le da un toque nuevo, la pinta, le cambia el letrero o el mostrador”.
Lo curioso es que, aunque cambie el letrero o el mostrador, la esencia se mantiene. “Sigue con prensa, libros, revistas, papelería, quiniela, lotería y eso te ayuda mucho. Hay que meter un poquito de todo y conocer a la clientela para saber lo que demandan”, resume. En esa mezcla está parte del secreto: lo mismo se vende un periódico que un boli, un regalo de urgencia o un puzzle.
Aitor asegura que el negocio, de momento, responde. “Estamos contentos. Nos defendemos bastante bien. Es una zona con muchos clientes y no nos podemos quejar”, sostiene. Y aporta un dato que explica por qué una librería así sigue teniendo sentido: “El 90% de la clientela es de gente de aquí cerca”. Los hábitos pesan: “El que baja a por el periódico lo compra al lado de su portal”.
En el ambiente sigue presente la parte familiar. Su padre “viene todos los días de visita antes de echar el vermut”, cuenta Aitor. Además, recuerda que Félix Idiazabal Salinas tuvo otra librería desde el año 90 en la avenida Sancho el Fuerte con el nombre Índice, y una tercera en el multicentro Plazaola, que terminó cerrando. A esta de Iturrama le pusieron Índice2 por “el número 2 de las quinielas” y el plan es no tocarlo: “No vamos a cambiar el nombre”.
En ventas, manda lo de siempre. “Lo que más se vende es prensa, revistas y loterías”, señala. Después llegan esos “extras” que completan la caja: la papelería, aunque “va a menos”, el libro como detalle, “un puzzle, un juguete”, chicles, chucherías y los calendarios, que en Navidad “se venden muy bien” y con los que, asegura, han trabajado especialmente bien.
El verano también tiene su propio ritmo. En julio y agosto cierran por las tardes. Aitor cuenta que algunos vecinos se sorprenden y preguntan el motivo, pero lo tiene medido: “Muchas tardes no entra ni Cristo… porque estas cosas de prensa y revistas se compran a la mañana. Por la tarde, algo de lotería y de papelería”.
Aitor mira hacia adelante sin dramatismos. “De momento tengo 40 años, llevo 15 en la tienda y me queda para largo. Empecé con 25 años”, explica. Dice que le gustó porque siempre ayudaba a su padre y define el oficio como “un trabajo generoso, amable”. Incluso con el madrugón: “Lo llevo muy bien. Es entretenido por el trato con la gente”.
Ese trato es, precisamente, lo que más repiten los clientes en redes. Una reseña lo resume así: “Mi librería de toda la vida. El mejor personal que puedes encontrar en Pamplona. Venden de todo, desde un boli hasta un regalo que tengas que comprar de urgencia”. Otra destaca el mismo tono: “Muy atentos siempre, negocio familiar… siempre una sonrisa en la boca”.