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COMERCIO LOCAL

Las generosas raciones de un restaurante en un pueblo de Navarra atraen a cientos de clientes

En este restaurante de un pueblo de Navarra se sirven al centro todos los guisos del día, por lo que se puede repetir todas las veces que se quiera. 

Restaurante Duque en Gallipienzo. CEDIDA
Imagen de un guiso de pochas en el restaurante Duque de Gallipienzo . CEDIDA

El Restaurante Duque, en Nuevo Gallipienzo, atrae cada años a cientos de visitantes gracias a sus generosas raciones. Todo el mundo que ha estado alguna vez sabe que es una parada obligada en Navarra para comer bien. Guisos, potajes, conejo a la brasa, costillicas de cordero, chuletón y, para rematar, postres caseros. Sus mesas se llenan a diario para degustar los suculentos guisos. Este restaurante vio nacer el pueblo y existía, incluso, antes de que llegasen los primeros vecinos.  

Guisos, potajes, conejo a la brasa, costillicas de cordero, chuletón y, para rematar, postres caseros. En el Restaurante Duque, ubicado en Nuevo Gallipienzo, las mesas se llenan a diario de los más sabrosos guisos. Que allí se come bien y en cantidades generosas lo sabe todo el que ha estado alguna vez. Sin embargo, no todo el mundo es conocedor de que este restaurante vio nacer al pueblo y estuvo mucho antes de que llegasen los primeros vecinos. 

Francisco Javier Sola Remón, de 54 años, cuenta con cariño los orígenes del restaurante del que ahora está al frente: "Cuando empezaron a construir, mi abuelo puso una barraca en lo que hoy es la plaza del pueblo para alimentar a los trabajadores". Y le fue bien, tanto que se animó a hacer de su negocio algo más estable: "Cuando ya estaban las casa, abrió el bar". 

Tres generaciones después, Sola está al frente del negocio familiar. Pero no está sólo en esta aventura profesional: cuenta con la inestimable ayuda de su mujer, Daniela Beresthi. De origen rumano y con nacionalidad española,  'Dana', como le conocen más familiarmente en el pueblo, tiene las riendas en las cocina. Su suegro le enseñó a cocinar los platos típicos del restaurante, algo por lo que le está infinitamente agradecida. "Me encanta cocinar y disfruto mucho cuando veo que los clientes se van satisfechos".

El restaurante se encuentra ubicado en la calle Mayor del pueblo nuevo de Gallipienzo. La zona es un lugar ideal para disfrutar de una jornada de turismo

"Di mis primeros pasos en este restaurante", asegura su marido. Al echar la vista atrás, a Sola le vienen "muchos recuerdos bonitos". En los inicios, además del restaurante, su abuelo tenía una tienda y una vaca. "Vendía la leche a los vecinos del pueblo", rememora. Muy pronto el Restaurante Duque empezó a ser conocido en la zona por los guisos, el conejo a la brasa y las costillas de cordero. "Siempre hemos hecho comida de aquí", constata. 

Con los tiempos, el negocio ha cambiado en algunos aspectos, principalmente el espacio, pero siempre ha mantenido su esencia. "Sí que se ha ampliado en varias ocasiones el comedor", especifica Sola. En la actualidad tiene cabida para 80 comensales. "Trabajamos siempre con reserva por temas de organización", advierte. 

En fin de semana, lo habitual es que se saquen a la mesa todos los guisos del día en sus respectivas fuentes y cada comensal se sirva al gusto. "Pueden repetir las veces que quieran", avanza. Posteriormente, salen las carnes, también al centro. No obstante, cuando hay pocos comensales se les pide que elijan el segundo plato para evitar el desperdicio alimentario. 

"En fin de semana se puede comer por 30 euros y entre semana por 15", informa Sola. Precisamente, para los días de labor han preparado un menú, especialmente pensado para los trabajadores. 

Sola, que ha pasado toda la vida vinculado a este negocio, todavía le emociona cuando alguien le dice: "Yo te conocí de pequeño". Y ahora la historia se repite con su hijo mayo, de 20 años: "A veces le recuerdan que lo vieron por aquí cuando iba en silleta". El matrimonio tiene otra hija de 14 años. Y, en el fondo, sueñan con que el Restaurante Duque pueda seguir sirviendo sus copiosas comidas por mucho más tiempo.

"Somos la tercera generación y me daría pena que se quedara aquí", comenta él. Pero es consciente de las dificultades que tienen estos negocios hoy día para conseguir relevo generacional. "A mis hijos les gusta esto pero, tal y como están las cosas hoy día, lo veo complicado", lamenta. 


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