SUCESOS
Los jóvenes de Echarri Aranaz asumen ser los culpables de los ataques violentos a un convento de monjas octogenarias
Los "Quintos de 2008" se refieren los recientes ataques a un convento de monjas octogenarias en Echarri Aranaz
En Echarri Aranaz, la escena se repite con una inquietante normalidad: de madrugada, golpes contra la puerta del convento de las religiosas de la Inmaculada Concepción, cristales sacudidos por la violencia y el sobresalto de monjas octogenarias que vuelven a ser objetivo. No es un episodio aislado, sino un eslabón más en una cadena de pintadas, lanzamientos de objetos y actos de hostigamiento que se arrastran desde hace años frente al gaztetxe del municipio.
Tras tres jueves marcados por incidentes, los llamados "Quintos de 2008", presuntamente vinculados al ataque, han difundido un comunicado en el que asumen los hechos y, lejos de apaciguar los ánimos, intensifican la indignación. El texto comienza reconociendo que “han ocurrido algunos incidentes” y que “algunas actitudes no han sido adecuadas”. Pero el uso de eufemismos contrasta con la gravedad de los hechos: una puerta apaleada, un cono de obra empotrado contra cristales y el miedo renovado de religiosas de avanzada edad.
El grupo sostiene que “lo ocurrido no es el reflejo que queremos dar” y que “la mayoría de nosotros no tenemos relación con lo sucedido”. La fórmula, repetida en distintos pasajes, suena a intento de diluir responsabilidades en un colectivo amplio. Admiten “excesos” por “el ruido” y “el malestar” causado, pero eluden detallar quién atacó el convento y por qué.
En un municipio con heridas históricas profundas —donde la memoria del asesinato del exalcalde Jesús Ulayar por ETA sigue presente y donde su vivienda ha sido objeto de actos vandálicos—, minimizar ataques así como simples “incidentes” festivos resulta especialmente ofensivo para muchos vecinos.
El Ayuntamiento, con mayoría de EH Bildu, ya ha sido escenario de debates previos sobre episodios similares. Sin embargo, la reiteración de agresiones contra espacios simbólicos —el convento o la casa de los Ulayar— evidencia que el problema no se resuelve con comunicados genéricos ni con apelaciones abstractas al “respeto y unión”.
Los Quintos aseguran que “asumimos las consecuencias que han generado algunas actitudes” y que su “compromiso es que todos lo pasen bien desde el respeto”. Pero asumir consecuencias implica algo más que lamentar vagamente lo ocurrido: exige señalar a los responsables, condenar sin ambages la violencia y garantizar que no volverá a repetirse.