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SOCIEDAD

El único castillo medieval de Navarra que no se ha restaurado y se encuentra en mitad de la nada

Se encuentra en mitad de unas tierras áridas y se puede acceder por una ruta de 13 kilómetros en total. 

Imagen de archivo del Castillo de Peñaflor en el Vedado de Eguaras en Navarra. Javier Campos
Imagen de archivo del Castillo de Peñaflor en el Vedado de Eguaras en Navarra. Javier Campos

Las Bardenas Reales en Navarra esconden muchos secretos en sus 41.845 hectáreas. Desde parajes de ensueño hasta rincones donde encontrar curiosidades. 

En medio de las Bardenas Reales se encuentra el Verado de Eguaras, que comprende 1.225 hectáreas de terreno. Queda justo encerrado por la localidad de Arguedas y Plano, Candévalos y la Bardena Blanca

Aunque este territorio ha pertenecido a diferentes administraciones. Primero perteneció al patrimonio real, después sus propietarios fueron aristócratas hasta el siglo XX cuando pasó a ser municipio de Valtierra y quedó totalmente independiente de la administración que rige a las Bardenas Reales.

El Vedado de Eguaras es un espacio privilegiado que está lleno de vegetación y por eso, tiene el apodo de 'oasis' en medio de las áridas y abruptas tierras de las Bardenas. En 1987, 500 hectáreas fueron declaradas Reserva Natural para así proteger la riqueza natural y su uso, 150 hectáreas se destinan al cultivo de cereal en secano. 

Dentro de este paraje se encuentran los restos del Castillo de Peñaflor o como también es conocido, Blanca de Navarra. Un castillo que data del siglo XIII cuando el rey de Navarra Sancho el Fuerte mandó construirlo en lo alto del cerro para reforzar la frontera entre Navarra y Aragón

Ahora se encuentra en ruinas por el paso del tiempo y el clima de la zona. Este castillo es el único medieval de Navarra que no ha sido modificado desde su construcción y tampoco ha sido usado con otros fines. Por eso, sus ruinas tienen un gran valor histórico

El Castillo de Peñaflor tiene también una leyenda que cuenta que a finales del siglo XV, la segunda hija de la reina Blanca I de Navarra y Juan II, fue encerrada por su padre en la torre alimentada solo de pan y agua. Todo esto como castigo a su negativa de contraer matrimonio con el príncipe que su padre le había concertado. 

Cada noche, un pastor de Valtierra le llevaba a la princesa queso y leche, tras su liberación, ésta le regalólas tierras donde su ubicaba el castillo. Se desconoce cuánto hay de verdad o ficción, pero hace que el Vedado de Eguaras tenga más encanto. Además, es bonito pensar en los acontecimientos históricos, disputas reales, estrategias que han ocurrido.

El camino hasta llegar al Castillo de Peñaflor tiene una distancia de 13 kilómetros de ida y vuelta. Para llegar, hay que adentrarse en la Bardena Blanca que poco a poco el camino irá cambiando de paisajes desde los campos de cereal o los bosques bajos. Es normal que el calor apriete durante la ruta, por eso recomiendan llevar abundante agua. 

En julio de 2021, el bosque que rodeaba el Castillo de Peñaflor se quemó y se deterioró el entorno natural. Aun así, el paisaje impone e ir a pasar un día por las Bardenas Reales puede dejar un bonito recuerdo.


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El único castillo medieval de Navarra que no se ha restaurado y se encuentra en mitad de la nada