COMERCIO LOCAL
La irrechazable oferta que un pueblo de Navarra presenta para la gestión del bar de su centro cívico
Tendrá una duración inicial de dos años, aunque podrá prorrogarse anualmente hasta alcanzar un máximo de cuatro años.
El Ayuntamiento de un pueblo de la zona media de Navarra ha puesto en marcha la búsqueda de relevo para uno de sus locales más conocidos. El consistorio ha abierto la convocatoria para adjudicar la gestión del bar cafetería municipal durante los dos próximos años, con la intención de que el servicio siga funcionando con normalidad y continúe siendo un punto de encuentro para los vecinos.
Se trata del bar cafetería del Centro Cívico de Mendigorría, situado en la calle Bernardino Ayala, 7, un espacio muy amplio pensado preferentemente para las personas jubiladas del municipio, aunque abierto a toda la ciudadanía.
El nombre del pueblo ya ha dado que hablar en otras ocasiones por escenas muy llamativas durante sus fiestas: el 19 de agosto de 2023, una vaquilla destrozó un Audi que estaba aparcado en mitad del recorrido del encierro, y un año antes, en las fiestas de 2022, todas las vaquillas acabaron metidas en un cajero de Caixabank.
Ahora, la actualidad en la localidad gira en torno a este proceso de adjudicación. El contrato que ha sacado el Ayuntamiento tendrá una duración inicial de dos años, aunque podrá prorrogarse anualmente hasta alcanzar un máximo de cuatro años. El canon mínimo se ha fijado en 1 euro al año, una cifra mejorable en la oferta que presenten los interesados.
El plazo para presentar solicitudes estará abierto hasta el 15 de abril de 2026. La documentación deberá entregarse en el Registro General del Ayuntamiento, en horario de 10:00 a 13:00 horas. Además, el local se entrega equipado para su uso como bar-cafetería, aunque sin vajilla.
Hasta ahora, la gestión del establecimiento ha estado en manos del matrimonio formado por Víctor Rodrigo Minguela y Elisenda Gimeno Jiménez, que asumieron el proyecto hace dos años y han decidido dar un paso al lado. Ambos dejan el negocio, pero no el pueblo.
“Han sido dos años intensos de mucho esfuerzo, pero al final se han juntado varias cosas a la vez”, explican al relatar los motivos de su decisión. En su caso, el desgaste del día a día y la dificultad para compaginar la actividad del local con la vida familiar han pesado más. “Hemos pensado que es mejor tener los fines de semana libres para dedicarlos a nuestros hijos. Yo tengo que compaginar otras actividades. Tenía complicado seguir a la vez con el restaurante y además está difícil contratar personal cualificado”, señalan.
La pareja y sus hijos seguirán viviendo en Mendigorría, adonde llegaron buscando precisamente un cambio importante en su forma de vida. Según cuentan, llevaban siete años en Mollet y querían instalarse en una localidad tranquila, bien comunicada y con un entorno más amable para criar a sus hijos.
“Somos de ciudad y no tenemos pueblo. Vimos que el colegio de aquí es una comunidad de aprendizaje. Queríamos que fuera un pueblo amable, de no muchos habitantes para criar a nuestros hijos, que la vivienda no estuviera disparada y que estuviera bien comunicado”, relatan sobre las razones que les llevaron a instalarse en la localidad navarra.
Su relación con el municipio, de hecho, venía de antes. “Llevábamos tres años viniendo en verano alojándonos en el camping El Molino. Hace dos años contactamos con gente del pueblo en la piscina y nos dijeron que iba a salir la licitación del centro cívico”, recuerdan sobre el momento en que apareció la oportunidad de hacerse cargo del local.
En el caso de Elisenda, arqueóloga de profesión, la mudanza ha supuesto mucho más que un simple cambio de residencia. “A mí me la ha cambiado radicalmente. La vida aquí es más tranquila. En Barcelona necesitas una hora para llegar a cualquier sitio. Aquí te sobra el tiempo. La acogida a nosotros y a nuestros hijos ha sido espectacular”, afirma al describir cómo ha sido su adaptación a la vida en el pueblo.