SOCIEDAD
Los bolardos de Asiron ya están por los suelos en la carretera más polémica de Pamplona
La reforma impulsada por el Ayuntamiento de Pamplona suma ahora una nueva imagen de deterioro tras meses de críticas y protestas.
Los bolardos colocados en la carretera de la Universidad de Pamplona han terminado por ofrecer la imagen más gráfica de una de las decisiones de movilidad más polémicas del mandato de Joseba Asiron (EH Bildu). Apenas unos meses después de la reforma impulsada por el Ayuntamiento, varios de esos bolardos ya están por los suelos, rotos o doblados tras el invento de colocarlos de una manera sinuosa y llena de curvas.
La situación que presenta ahora la carretera de la Universidad de Navarra ha reabierto la crítica sobre una actuación que ya nació con muchas dudas y críticas. Lo que fue presentado como una medida para calmar el tráfico en una de las principales entradas a la ciudad ofrece ahora una fotografía de deterioro prematuro, mala conservación y sensación de improvisación.
La actuación municipal llegó después de que el Ayuntamiento de Pamplona planteara primero un cierre total de la carretera y acabara rectificando. Finalmente, la vía quedó abierta solo en un sentido, desde Azpilagaña hacia Echavacoiz, con prioridad para bicicletas y limitaciones de velocidad dentro de un modelo de ciclocalle.
Ese giro no logró apagar el rechazo. La decisión provocó críticas también desde municipios del entorno, que advirtieron del impacto que tendría sobre miles de conductores que utilizan cada día esa conexión para entrar y salir de la capital navarra. El equipo de gobierno de EH Bildu acabó manteniendo un único carril en un solo sentido de circulación, pero la polémica siguió intacta.
Los ayuntamientos de Zizur Mayor, Cizur Menor y Barañáin cargaron contra el consistorio pamplonés y acusaron al equipo de Asiron y al concejal Joxe Abaurrea de actuar de forma unilateral y sin diálogo. También denunciaron que no se les había facilitado ningún informe técnico previo que justificara una medida con tanta afección sobre la comarca.
Pocos días después llegó otra de las imágenes más discutidas de toda la intervención. El Ayuntamiento pintó sobre la calzada las ya famosas líneas sinuosas y curvas que desconcertaron a muchos conductores y alimentaron aún más la controversia. El propio consistorio defendió entonces que no era un error, sino una medida técnica para estrechar visualmente la vía, evitar adelantamientos y reducir la velocidad.
Ahora, con numerosos bolardos dañados en un plazo muy corto, aquella decisión de Asiron vuelve a quedar en entredicho. Los bolardos instalados para ordenar el tráfico en la carretera de la Universidad de Navarra presentan ya signos evidentes de deterioro y de apuesta completamente fallida.