- martes, 05 de mayo de 2026
- Actualizado 13:53
David Roberts, quien acuñó este término, advierte que los políticos han tenido siempre una relación muy peculiar con la verdad, pues de forma desvergonzada ocultan, exageran o mienten descaradamente sobre las cuestiones políticas, siendo cada vez más los políticos, independientemente de su afinidad ideológica o país de pertenencia, los que se incorporan a esta era de la política posverdad, sin que los medios de comunicación hayan sido capaces de frenar esta tendencia ni la ciudadanía haya sido capaz de castigarla electoralmente.
La ética es un sendero angosto y muy exigente que muy pocos políticos parecen dispuestos a recorrer. La política no puede reducirse a una aristocracia que espera las oportunidades, ya sean democráticas o alevosas, para obtener el poder que esperan con ávido deleite mientras la ciudadanía queda reducida a la condición de electores o militantes bien disciplinados.
En el último sondeo sobre las audiencias de Radio, en España, aparece un dato que me ha llamado la atención, y es que ha disminuido el número de oyentes en la franja de las primeras horas de la mañana, es decir, en aquellos programas que básicamente se dedican a hablar de política, a dialogar con los políticos, y a comentar lo que han dicho los políticos.
Usar las muy mejorables disquisiciones de Pablo Iglesias sobre la feminización de la política para desacreditarle, es uno de esos excesos al que parecen abocados cuantos se sienten en la necesidad de desacreditarle permanentemente, diga lo que diga el líder estudiantil de Podemos.
Recientemente Donald Trump ha anunciado que cobrará un solo dólar por su trabajo como Presidente de los Estados Unidos, con el aplauso orejero de los populistas, de los que en España no nos faltan. Un síntoma claro de que en política no encontraremos más que ricos próximamente, que, eso sí, velarán por sus intereses, dejan los sueldos en propina para el rebaño.