- sábado, 22 de agosto de 2026
- Actualizado 13:46
Es la fantasía que ronda cada noche en la mente de cualquier mozo: encontrarse cara a cara con el adoquín libre, la tensión del coso al fondo y la oportunidad única de entrar en la plaza guiando en solitario a un imponente toro de Jandilla. En una mañana de manada rota y huecos providenciales, un puñado de valientes ha logrado acariciar esa gloria efímera, templando la endiablada velocidad del astado con la única ayuda de sus piernas y su destreza en el tramo final del callejón, firmando una de esas carreras limpias y memorables que justifican toda una vida de carreras en Pamplona.
Corría por el lado izquierdo de trazado del encierro de San Fermín al final de la cuesta de Santo Domingo cuando, al retirarse de la carrera, el mozo ha salido escupido por la pared humana y puesto de bruces frente a la manada compacta de Jandilla, que subía como una exalación. El golpe ha sido morrocotudo y ha precisado ser trasladado al Hospital Universitario de Navarra comn una contuzión torácica y una herida en el cuello.
Los toros de la ganadería extremeña de Jandilla no han hecho honor a la fama que les precede y han protagonizado un encierro complicado de correr y, por supuesto, peligroso. El balance provisional de heridos habla de cinco corredores heridos, todos ellos por contusiones, que han sido trasladados a diferentes centros hospitalarios.
La carrera ha tenido una duración de 2 minutos y 19 segundos en los que la manada ha volado sobre el suelo pamplonés a una velocidad de vértigo.
El único que ha cortado una oreja a los toros de Jandilla ha sido Sebastián Castella.
Lea aquí la crónica completa de este cuarto encierro de Pamplona:Seis cabestros y unos toros de Jandilla