El equipo de Jordi Ribera ha grabado en el paisaje semidesértico de Navarra una pieza que simboliza tiempo, velocidad, esfuerzo e impacto y que culmina con el grupo completo en el Navarra Arena.
A sus 34 años, la pamplonesa ha decidido poner punto y final a unos años en los que ha sentido “superfeliz” y que se han visto mermados al final por una lesión crónica.